La Sociedad de los Poetas Muertos

"No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas"



Me fui a los bosques porque quería vivir sin prisa.
Quería vivir intensamente y sorberle todo su jugo a la vida.
Abandonar todo lo que no era la vida, para no descubrir,
en el momento de mi muerte, que no había vivido.



“La Sociedad de los Poetas Muertos” es una de esas películas que logra conmover  profundamente al público. Es una crítica a las reglas, a las normas, al tradicionalismo que encarcela el pensamiento, que pretende que la educación solo automatice a los estudiantes evitándoles la libertad.




"Carpe Diem, quam minimum credula postero" o "Captura el día de hoy y pon tan poca confianza en el de mañana como puedas" del filósofo Horacio, es parte del argumento del film así como la poesía, que permite “sacarle el jugo a la vida”. La trama de la historia se desarrolla  en 1959, en la Academia Walton que sigue manteniendo el clásico modelo de educación victoriana; los jóvenes que allí estudian pertenecen a la más alta sociedad. El nuevo curso cuenta con la novedad de una incorporación: un excéntrico profesor de literatura, John Keating, antiguo alumno del centro. Con él los alumnos despertaran sus mentes, descubrirán la poesía, el significado de “Carpe Diem” (aprovechar el momento) y la importancia de perseguir los sueños. Les dejo un poema de Henry David Thoreau presente en la película que sería bueno reflexionar:


“Soñamos días de mañana
que nunca llegan.
Soñamos una gloria
que no deseamos.
Soñamos un nuevo día
cuando ese día ya ha llegado.
Huimos de una batalla
En la que deberíamos pelear.

Y sin embargo dormimos.

Esperamos la llamada
sin adelantarnos a ella.
Basamos nuestras esperanzas en el futuro
cuando el futuro no es más que vanos proyectos.
Soñamos con una sabiduría
que evitamos cada día.
Llamamos con nuestras plegarias a un Salvador
cuando la salvación está en nuestra manos.

Y sin embargo dormimos.
Y sin embargo dormimos.
Y sin embargo rezamos.
Y sin embargo tenemos miedo.”




"Me fui a los bosques porque deseaba vivir en paz, enfrentarme a la esencia misma de la vida y comprobar si era capaz de aprender todo lo que podían enseñarme. No quería descubrir, en el umbral de mi muerte, que no había vivido"




Diarios de Adán y Eva




Mark Twain es conocido por dos libros preciosos: Tom Swayer y las aventuras de Huckelberry Finn. Sin embargo, lo adoré y admiré con una obra suya que no conocía y  me emociona continuamente: El Diario de Adán y Eva.

Los Diarios de Adán y Eva permiten observar a los personajes bíblicos justo en el momento en que se conocen y empiezan a enamorarse. La explosión a la que se someten, sus conductas imprevisibles, los defectos cotidianos, los enojos, sus sensaciones y sentimientos muestran la construcción de una pareja y constituyen la prueba de cómo el autor comprende y sabe expresar lo verdadero del ser humano.  Sin duda alguna, estos diarios reinventan el paraíso: está allí, donde existe el amor. 


FRAGMENTOS


Del Diario de Adán: 

“La nueva criatura le pone nombre a todo lo que ese le aparece, antes de darme tiempo siquiera a protestar.”


***

“Después de todos estos años, me doy cuenta de que estaba equivocado respecto de Eva al principio: es mejor vivir fuera del Jardín con ella que dentro sin ella. Al principio, creía que hablaba demasiado; pero ahora me entristecería que esa voz se silenciara y desapareciese de mi vida. ¡Bendita sea la castaña que nos unió y me enseñó a conocer la bondad de su corazón y la dulzura de su espíritu!”


***

“Dondequiera que ella estaba, allí era el Edén.”






Del Diario de Eva: 

“Estuve toda la semana pegada a él e intenté presentarme. Tuve que sostener la charla, porque él estaba cohibido, pero no me importó. Parecía agradecido de tenerme cerca, y usé varias veces el “nosotros”, tan sociable, porque parecía halagarlo el sentirse incluido.”


***

“Me pasé toda la mañana trabajando para mejorar el lugar; y me mantuve alejada de él a propósito con la esperanza de que se sintiera solo y viniese. Pero no lo hizo”.


***

“He perdido el Jardín, pero lo he encontrado a  él, y estoy contenta. Me ama tanto como puede; yo lo amo con toda la fuerza de mi naturaleza apasionada.”






Comparto un link donde podrán leerlo desde la computadora. ¡Disfrutenlo!


Desata el nudo que me ata



no traigas la razón a este instante
            des  
                grá  
                     na   
                          me
                            entre un centenar de hilos y notas
atízame en esta espesa tarde 
cuelga una mirada en mi cuerpo
                                            tu cuerpo
vísteme con tu desnudez
inundando mis venas dispersas 
con tu sudor de sal
pólvora que gime      “siempre”           “nunca”
llévame a tu orilla
donde desatas el nudo que me ata
donde bullo y me precipito
en elevada        c a í d a

Preludio





Si muriera
me llevaría el aire
mis bolsillos llenos de poemas
navegaría descalza los desiertos del tiempo
me adentraría cinco minutos
en tu cruce de aguas       

       la    vida
                  sería
                          eterna
                             en cinco minutos


El sueño duele en los ojos




En la mañana el sueño duele en los ojos
se escriben palabras móviles en el marco del tragaluz
son lanzadas por mi mano
y sus límites se pierden
sus contornos se pierden
como si fuesen sombras
desvanecidas
buscando llegar a donde no se puede
desde entonces
los ojos se quiebran apretujados
laberínticos       grises         tambaleantes
amortajados como cuerpos desnudos hechos nada
pálidos como la nieve del invierno
quién sabe hasta cuándo.


Alejandra Pizarnik, ese ser imperfecto.




Vida, mi vida, déjate caer, déjate
doler, mi
vida, déjate enlazar de fuego, de
silencio ingenuo,
de piedras verdes en la
casa de la
noche, déjate caer y doler, mi
vida.

...
como un poema enterado
del silencio de las cosas
hablas para no verme
...
cuando vea los ojos
que tengo en los míos tatuados.
...
ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada.

...


Sólo un nombre

alejandra alejandra
  debajo estoy yo
     alejandra

Alejandra Pizarnik, Buenos Aires, Argentina (1936-1972)




Es una de las poetas más importantes de Argentina, que realizó su obra en la década del sesenta siendo una de las voces más representativas de esa generación. Su poesía, lírica, que roza el surrealismo, fue una de las que más marcó a las posteriores generaciones poéticas de este país. 

Alejandra Pizarnik re-trabajó en su poesía las tradiciones románticas, simbolistas y surrealistas. Su poesía se encargó de poner en escena lo desgarrador del silencio creativo, abriendo una puerta para las nuevas mujeres poetas, para trabajar sobre ese material. 

Esquela




Se negaba a leer la carta esa mañana, su boca inagotable dejaba libre algún pensamiento, el recuerdo del sabor a besos que disimulaba el crujir del papel o el romper de una palabra. Sin embargo,  poco a poco los dedos lacónicos hacían de cortaplumas preciso, todo transcurría en silencio en un vaivén del aire pesado y enmudecido. Pronto dejó caer su cuerpo en el sillón, la habitación se envolvió en olor a tinta espesa, se imaginaba el viaje de la carta hasta sus manos; cuántas no estarían desechas o llegarían equivocadas, qué respuesta anidaría en la fina hoja blanca. Cerró sus párpados, prefirió no leer, prefirió desertar, prefirió no sentir. Dobló la carta, la exilió en la oscuridad.

Vida y literatura: mundos de autoficción




"El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente"
(Fernando Pessoa)


La autoficción es un término creado por el novelista francés Serge Doubrovsky en 1977. Él sugería que, muchas veces, “el autor se convierte a sí mismo en sujeto y objeto de su relato”; es decir, el autor tergiversa su propia realidad, renuncia a una vida monótona colocándose una máscara de palabras y se convierte en otro para hacer posible su literatura. Vivir de la autoficción consiste en la autocreación constante de nuestros días, porque quién no ha narrado alguna vez hechos inventados, la verdad es que uno arregla su pasado y en gran medida se lo inventa, nuestra identidad es producto de nuestro imaginario, de nuestras experiencias, de nuestras lecturas.

Es así como el acto creador, a partir del lenguaje, se vale de la autoficción para hacernos salir de nosotros mismos y buscarnos otros rostros, pero no sólo el autor se autoinventa sino que el lector también lo hace. En este sentido, la vida es una impostura que la literatura sabe representar  y viceversa porque ella es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual, es una necesidad imprescindible para que la cotidianidad no arrope nuestra imaginación. Quién lee literatura es capaz de no conformarse solo con lo que los ojos miran pues, la palabra y el pensamiento pertenecen al universo que se expande dentro del libro. En palabras de Marcel Proust, “la verdadera vida, la vida por fin esclarecida y descubierta, la única vida por lo tanto plenamente vivida, es la literatura” ¿Qué es lo real, después de todo?


* Imagen: Autor/es: Maurits Cornelis Escher

¡Qué nadie los detenga!


¿Un pájaro y un pez podrían amarse?
¿dónde vivirían?
valdrían todo lo que son
delirantes en algún lugar
no recordarían más que sus sueños
así se servirían de ambos
cada uno en el corazón del otro
librándose de las llamas
de lo que no son     para SER 
sin guión en el agua o en el aire
o en el “siempre existo y respiro”
en el amor no se alzan murallas
darían todo
incluso cosas que perdieron
para enseñarnos que vale la pena
avanzar a la orilla de lo posible
en direción al misterio
aunque no se sepa nadar o volar
en los brazos del viento.

*ágape*

Del poema




El problema no es
meter el mundo en el poema; alimentarlo
de luz, planetas, vegetación. Ni
tampoco
enriquecerlo, adornarlo
con palabras delicadas, abiertas
al amor y a la muerte, al sol, al vicio,
a los cuerpos desnudos de los amantes,
el problema es hacerlo habitable, indispensable
a quien sea más pobre, a quien esté
más solo
que las palabras
acompañadas
                    en el poema.


Traducción de Montserrat Gibert

Largo viento de memorias



Antonia Palacios expresa con poesía el devenir de nuestra existencia, de nuestra cotidianidad; ella es una de mis escritoras entrañables porque sabe contarnos la vida mientras la vivimos y la sufrimos. Disfrútenla con parte de su hermosísimo poemario "Largo viento de memorias" de 1989: 



"Aquí todo es antiguo. Todo ha sido ya tocado. Un divagar del roce, un estar y no estar sobre las cosas. Pienso en la permanencia. En el estremecimiento del primer contacto y cómo la memoria azota los recuerdos. Pienso en tus manos livianas remodelando las cosas. Tus manos que jugaban con una piedra desnuda que el tiempo había arrojado en playas muy remotas. El día descendía desplegando sus oros, abriendo sitio efímero a tus hondos silencios. Yo quise amanecer lejos de un temerario olvido. Rescatar lo perenne. Detener el escape de todo lo que huye. Pasaron los instantes en líneas paralelas. Recordé tu mirada y tu rostro sin nombre y comencé a reunir las cosas en un íntimo roce sumergido en el fondo."


Antoine y su rosa



Antoine también amaba a una rosa tersa, tierna, de gran belleza y que soñaba con volar. Él la había mirado siempre de lejos, temeroso y ansioso de estar a su lado, de amarla como se imaginaba que era el amor, esa sensación que se parece a cuando se salta al vacío sin darle importancia al hecho de perder la vida en el intento porque las ganas del salto mismo y de la recompensa tenían más valor: un beso que hiciera temblar al cuerpo y el alma como la luna en el agua, diría su amigo Julio. Eso pensaba Antoine, mientras la palabra ¡volar! rondaba entre sus párpados y rozaba sus labios - ¡volar! ¡volar! - se repetía para sí, con todos los colores que llevaba por dentro al compás de la melodía que una noche traviesa había tejido para hacerlo coincidir junto a su rosa, como si el joven príncipe hubiese hecho de las suyas desde el asteroide B612. Quizá -cavilaba sorprendido-  había sido el Principito quien, mientras cortaba baobabs, había hecho tratos con las estrellas para que él pudiera hablar con su rosa sin un paraban de papel maché entre ellos. Y así, la noche –recordaba Antoine- fue envuelta por hadas y ángeles, porque la palabra “volar” había invadido su piel hasta el día de hoy.

Mientras Antoine levitaba entre sus recuerdos le sucedían suspiros, sonrisas, aflicciones y palpitaciones semejantes al golpe de una batería india. La añoranza recorría su espalda con lentitud mientras observaba por la ventana el azul del mar del cielo, sin nubes, un azul continuo en contraste con el verde de los árboles que peinaban el camino que él había caminado tantas veces. La palabra ¡volar! hacía acto de presencia con insistencia, latía en el corazón de Antoine y en los calzoncillos que le había regalado la rosa cuando él estuvo triste, los atesoraba con sumo cuidado junto al capítulo siete de su libro favorito y los poemas que ella había escrito, esas palabras mágicas que lo habían domesticado para siempre. Él y su rosa, cómo olvidar a su rosa, cómo no recordar a su rosa que decía era un hada, la más bella de todas las hadas del planeta tierra, un hada/rosa única en el mundo. Ahora, él lo sabía, realmente era única en el mundo. De repente, un terrible sentimiento penetraba el corazón de Antoine, como si el mismo Zeus hubiese desgarrado su cuerpo y sus entrañas. Se desplomó contra la pared blanca de la habitación y cerró sus ojos, dejó caer sus párpados pesados como el sentimiento que lo invadía y se desmayó, allí contra la pared y el azul del cielo.

Habían pasado un par de horas, todo estaba en silencio, los árboles pernoctaban inmutados y las hojas se negaban a caer. Poco a poco fue despertando Antoine de su dormir, de su desmayo ante la vida; se incorporó asustado y observó a través de la ventana la negrura del paisaje, las luces de los autos que iban y venían en el horizonte. Casi, de forma instantánea, logró divisar una estrella que le sonreía y titilaba con picardía; de pronto, a lo lejos, escuchó muchos cascabelitos y la risa de su amigo, el Principito. Antoine sonrió, recordó a su rosa voladora quien lo hacía reír con sus locuras, con el pestañeo de sus ojos miel y el juguetear de los pétalos en su cara. Pero Antoine se sintió triste otra vez porque su rosa, al igual que la estrella, se encontraba distante y pensó que le había sucedido lo mismo que al Principito; por eso se había desmayado, la tarde le había revelado la triste coincidencia con su amigo. No se había percatado de que su rosa era única en el mundo cuando la tuvo cerca, en su corazón lo sabía, pero dejó que otras cosas como las palabras “miedo” y “distancia” interrumpieran ese sentimiento y opacaran la palabra “volar” de su cielo y destiñeran sus colores internos. Eso había sucedido -pensó Antoine- así como se había tejido el encuentro naturalmente entre él y su rosa, inexplicablemente la razón y la lógica le habían jugado una mala pasada a su corazón, había pensado como un adulto, un adulto en cuerpo de adulto, pero la realidad, la que ahora conocía en total plenitud, era que simplemente volar no es para adultos. Se preguntaba ¿dónde había quedado lo de “saltar al vacío” o lo de “morir no importa? ¡Qué tonto! -Se repetía- .Antoine, se sintió inmensamente desgraciado y, mientras miraba la estrella en la oscuridad de la habitación, pensaba en su amada hada/rosa y en la sombra de una cascabel en el desierto del Sahara. Esa era su única  ilusión.


(Des)esperanza


Pienso…

la mente estalla
levito entre purpúreos colores
vestido de hierro              coraza maldita
una calle vacía            nadie a quien esperar
más,  me siguen ruidos convexos
que atan su nombre a mi cama
allí sobrevivo
deambulo...
espero una palabra que destile en mi boca
el aire de sus voces
(des)esperanza…
camino amplio, tiempo en destiempo
sobredosis de silencio
mar/orilla                   luz ínfima.

Al filo, en un rincón
observo...
es la realidad que sostengo como daga contra el estruendo
pesimismo confuso, dejadez del ser
entre ausencias escribo, con versos delirantes
quizá tristes, porque no consigo arropar
mi alma desde que se fue.

Mente volátil


Insondable espacio el de mi crédula habitación
ausente de palabras francas y sensitivas
queda sólo eso
 pared/iceberg 
                 suelo/abismo
                             cama/anchura
             ventana/muerte
luna/recuerdo
                   estrella/fragilidad
 pensamiento/alma
y dentro de mi piel
                 cavilar-te
       no temblar
entre sueños de nada 
con el andar del tiempo.

Fotografía: Vito Campanella "A flor de piel"

Del amor y el miedo



El verso destila ágilmente del borde de la mano
se precipita entre el aire        en el papel de tu carne
se expande entre la  poesía       aguas abajo   
mientras que los ojos del amor se agrandan
         hasta que se cierran      le ve men te
aniquilados por la distancia
el rumor de la quejas
el devenir de hambrientos espantos
sin sueños, sin tiempo y puertas cerradas

                     súbitamente el idilio muere

las palabras se van
los amorosos borran su memoria
desean borrarla
deambulan entre la soledad de las calles
ya no se saben      no se tocan
no hay figuras ni imágenes
hay demasiado miedo 
                      en sus huesos para vivir 


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