Alejandra Pizarnik, ese ser imperfecto.




Vida, mi vida, déjate caer, déjate
doler, mi
vida, déjate enlazar de fuego, de
silencio ingenuo,
de piedras verdes en la
casa de la
noche, déjate caer y doler, mi
vida.

...
como un poema enterado
del silencio de las cosas
hablas para no verme
...
cuando vea los ojos
que tengo en los míos tatuados.
...
ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada.

...


Sólo un nombre

alejandra alejandra
  debajo estoy yo
     alejandra

Alejandra Pizarnik, Buenos Aires, Argentina (1936-1972)




Es una de las poetas más importantes de Argentina, que realizó su obra en la década del sesenta siendo una de las voces más representativas de esa generación. Su poesía, lírica, que roza el surrealismo, fue una de las que más marcó a las posteriores generaciones poéticas de este país. 

Alejandra Pizarnik re-trabajó en su poesía las tradiciones románticas, simbolistas y surrealistas. Su poesía se encargó de poner en escena lo desgarrador del silencio creativo, abriendo una puerta para las nuevas mujeres poetas, para trabajar sobre ese material. 

Esquela




Se negaba a leer la carta esa mañana, su boca inagotable dejaba libre algún pensamiento, el recuerdo del sabor a besos que disimulaba el crujir del papel o el romper de una palabra. Sin embargo,  poco a poco los dedos lacónicos hacían de cortaplumas preciso, todo transcurría en silencio en un vaivén del aire pesado y enmudecido. Pronto dejó caer su cuerpo en el sillón, la habitación se envolvió en olor a tinta espesa, se imaginaba el viaje de la carta hasta sus manos; cuántas no estarían desechas o llegarían equivocadas, qué respuesta anidaría en la fina hoja blanca. Cerró sus párpados, prefirió no leer, prefirió desertar, prefirió no sentir. Dobló la carta, la exilió en la oscuridad.

Vida y literatura: mundos de autoficción




"El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente"
(Fernando Pessoa)


La autoficción es un término creado por el novelista francés Serge Doubrovsky en 1977. Él sugería que, muchas veces, “el autor se convierte a sí mismo en sujeto y objeto de su relato”; es decir, el autor tergiversa su propia realidad, renuncia a una vida monótona colocándose una máscara de palabras y se convierte en otro para hacer posible su literatura. Vivir de la autoficción consiste en la autocreación constante de nuestros días, porque quién no ha narrado alguna vez hechos inventados, la verdad es que uno arregla su pasado y en gran medida se lo inventa, nuestra identidad es producto de nuestro imaginario, de nuestras experiencias, de nuestras lecturas.

Es así como el acto creador, a partir del lenguaje, se vale de la autoficción para hacernos salir de nosotros mismos y buscarnos otros rostros, pero no sólo el autor se autoinventa sino que el lector también lo hace. En este sentido, la vida es una impostura que la literatura sabe representar  y viceversa porque ella es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual, es una necesidad imprescindible para que la cotidianidad no arrope nuestra imaginación. Quién lee literatura es capaz de no conformarse solo con lo que los ojos miran pues, la palabra y el pensamiento pertenecen al universo que se expande dentro del libro. En palabras de Marcel Proust, “la verdadera vida, la vida por fin esclarecida y descubierta, la única vida por lo tanto plenamente vivida, es la literatura” ¿Qué es lo real, después de todo?


* Imagen: Autor/es: Maurits Cornelis Escher

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