Microcuento


Cuentan los abuelos que cierta vez, el sol aumentó inexplicablemente su fuerza y su calor. Con el tiempo, el sol no pudo evitar su explosión como resultado de la acumulación de energía y, por siglos, se observaron miles de destellos coloridos que inundaron todo el espacio; muchos fragmentos de sol se alojaron en la superficie lunar. Sin embargo, el sol no pereció -ustedes lo han notado- lo que muchos desconocen es que en la cara oculta de la luna nacieron millones de giraSoles a partir de esos fragmentos. Cada uno apunta su centro hacia la estrella mayor para celebrar el acontecimiento que les dio vida. A veces, los astronautas, en noches de luna llena, suben a la luna a recoger unos cuantos giraSoles para deshojarlos cuando sienten tristeza.


Texto: Ángel Gutiérrez
Imagen: Tomado de la web

Palabras mágicas


En una librería una niña leía las páginas de un libro como quien observa el cielo buscando un sueño para ser soñado. Se le atravesó la palabra "magia"en la esquinita del libro y sus labios se extendieron para dejar en el aire una sonrisa. Luego, se asomó la palabra "luna" y ella encendió su corazón como nunca antes. Pero, de repente, saltó entre otras letras la palabra "delfín" y la niña, con toda su ternura, se vistió de azul, se dibujó una estrella en el cabello y se convirtió en mar.


Foto: En Librería El Buscón , Caracas - Venezuela.

El astronauta





Había una vez un astronauta que sembraba estrellas en la Luna y cada cierto tiempo gustaba de arreglar sus cráteres, les daba forma como se le da forma a la risa. Cuando crecían las estrellas, soplaba para desprenderlas, les ataba un deseo y luego las colocaba una a una en cada rincón del espacio. Ahora mismo quizás, si te asomas por la ventana, verás tu deseo favorito brillando en la inmensidad. 



***  Ahhh, juegos de la imaginación o de lunas. ***

A una justicia injusta



A Leopoldo López



Barrotes que sólo se muestran hacia el cielo
azul de esperanza que miro
nubes que tienen forma de mi país
de mis hijos,
de mi pueblo.


Voces que gritan a lo lejos
de los que me castigan por miedo.
¡Atadme el cuerpo, si quieren,
que mi pensamiento es omnipresente!

¡No tengo miedo!

Barrotes que sólo dicen     ¡Sí puedo!
aunque me separan del universo
¡Cada vez soy más yo y mi consciencia:

                           tenue, fresca, libre.

No me canso, no me pierdo       ¡vuelo!

Y así, mi cuerpo aislado sueña
con caminar las calles de mi ciudad
como antes, como siempre.

La injusticia siempre perece
en tiempos correctos
sonrío, ha llegado el momento.

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