Preludio





Si muriera
me llevaría el aire
mis bolsillos llenos de poemas
navegaría descalza los desiertos del tiempo
me adentraría cinco minutos
en tu cruce de aguas       

       la    vida
                  sería
                          eterna
                             en cinco minutos


El sueño duele en los ojos




En la mañana el sueño duele en los ojos
se escriben palabras móviles en el marco del tragaluz
son lanzadas por mi mano
y sus límites se pierden
sus contornos se pierden
como si fuesen sombras
desvanecidas
buscando llegar a donde no se puede
desde entonces
los ojos se quiebran apretujados
laberínticos       grises         tambaleantes
amortajados como cuerpos desnudos hechos nada
pálidos como la nieve del invierno
quién sabe hasta cuándo.


Alejandra Pizarnik, ese ser imperfecto.




Vida, mi vida, déjate caer, déjate
doler, mi
vida, déjate enlazar de fuego, de
silencio ingenuo,
de piedras verdes en la
casa de la
noche, déjate caer y doler, mi
vida.

...
como un poema enterado
del silencio de las cosas
hablas para no verme
...
cuando vea los ojos
que tengo en los míos tatuados.
...
ahora
en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada.

...


Sólo un nombre

alejandra alejandra
  debajo estoy yo
     alejandra

Alejandra Pizarnik, Buenos Aires, Argentina (1936-1972)




Es una de las poetas más importantes de Argentina, que realizó su obra en la década del sesenta siendo una de las voces más representativas de esa generación. Su poesía, lírica, que roza el surrealismo, fue una de las que más marcó a las posteriores generaciones poéticas de este país. 

Alejandra Pizarnik re-trabajó en su poesía las tradiciones románticas, simbolistas y surrealistas. Su poesía se encargó de poner en escena lo desgarrador del silencio creativo, abriendo una puerta para las nuevas mujeres poetas, para trabajar sobre ese material. 

Esquela




Se negaba a leer la carta esa mañana, su boca inagotable dejaba libre algún pensamiento, el recuerdo del sabor a besos que disimulaba el crujir del papel o el romper de una palabra. Sin embargo,  poco a poco los dedos lacónicos hacían de cortaplumas preciso, todo transcurría en silencio en un vaivén del aire pesado y enmudecido. Pronto dejó caer su cuerpo en el sillón, la habitación se envolvió en olor a tinta espesa, se imaginaba el viaje de la carta hasta sus manos; cuántas no estarían desechas o llegarían equivocadas, qué respuesta anidaría en la fina hoja blanca. Cerró sus párpados, prefirió no leer, prefirió desertar, prefirió no sentir. Dobló la carta, la exilió en la oscuridad.

Vida y literatura: mundos de autoficción




"El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente"
(Fernando Pessoa)


La autoficción es un término creado por el novelista francés Serge Doubrovsky en 1977. Él sugería que, muchas veces, “el autor se convierte a sí mismo en sujeto y objeto de su relato”; es decir, el autor tergiversa su propia realidad, renuncia a una vida monótona colocándose una máscara de palabras y se convierte en otro para hacer posible su literatura. Vivir de la autoficción consiste en la autocreación constante de nuestros días, porque quién no ha narrado alguna vez hechos inventados, la verdad es que uno arregla su pasado y en gran medida se lo inventa, nuestra identidad es producto de nuestro imaginario, de nuestras experiencias, de nuestras lecturas.

Es así como el acto creador, a partir del lenguaje, se vale de la autoficción para hacernos salir de nosotros mismos y buscarnos otros rostros, pero no sólo el autor se autoinventa sino que el lector también lo hace. En este sentido, la vida es una impostura que la literatura sabe representar  y viceversa porque ella es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual, es una necesidad imprescindible para que la cotidianidad no arrope nuestra imaginación. Quién lee literatura es capaz de no conformarse solo con lo que los ojos miran pues, la palabra y el pensamiento pertenecen al universo que se expande dentro del libro. En palabras de Marcel Proust, “la verdadera vida, la vida por fin esclarecida y descubierta, la única vida por lo tanto plenamente vivida, es la literatura” ¿Qué es lo real, después de todo?


* Imagen: Autor/es: Maurits Cornelis Escher

¡Qué nadie los detenga!


¿Un pájaro y un pez podrían amarse?
¿dónde vivirían?
valdrían todo lo que son
delirantes en algún lugar
no recordarían más que sus sueños
así se servirían de ambos
cada uno en el corazón del otro
librándose de las llamas
de lo que no son     para SER 
sin guión en el agua o en el aire
o en el “siempre existo y respiro”
en el amor no se alzan murallas
darían todo
incluso cosas que perdieron
para enseñarnos que vale la pena
avanzar a la orilla de lo posible
en direción al misterio
aunque no se sepa nadar o volar
en los brazos del viento.

*ágape*

Del poema




El problema no es
meter el mundo en el poema; alimentarlo
de luz, planetas, vegetación. Ni
tampoco
enriquecerlo, adornarlo
con palabras delicadas, abiertas
al amor y a la muerte, al sol, al vicio,
a los cuerpos desnudos de los amantes,
el problema es hacerlo habitable, indispensable
a quien sea más pobre, a quien esté
más solo
que las palabras
acompañadas
                    en el poema.


Traducción de Montserrat Gibert

Largo viento de memorias



Antonia Palacios expresa con poesía el devenir de nuestra existencia, de nuestra cotidianidad; ella es una de mis escritoras entrañables porque sabe contarnos la vida mientras la vivimos y la sufrimos. Disfrútenla con parte de su hermosísimo poemario "Largo viento de memorias" de 1989: 



"Aquí todo es antiguo. Todo ha sido ya tocado. Un divagar del roce, un estar y no estar sobre las cosas. Pienso en la permanencia. En el estremecimiento del primer contacto y cómo la memoria azota los recuerdos. Pienso en tus manos livianas remodelando las cosas. Tus manos que jugaban con una piedra desnuda que el tiempo había arrojado en playas muy remotas. El día descendía desplegando sus oros, abriendo sitio efímero a tus hondos silencios. Yo quise amanecer lejos de un temerario olvido. Rescatar lo perenne. Detener el escape de todo lo que huye. Pasaron los instantes en líneas paralelas. Recordé tu mirada y tu rostro sin nombre y comencé a reunir las cosas en un íntimo roce sumergido en el fondo."


Antoine y su rosa



Antoine también amaba a una rosa tersa, tierna, de gran belleza y que soñaba con volar. Él la había mirado siempre de lejos, temeroso y ansioso de estar a su lado, de amarla como se imaginaba que era el amor, esa sensación que se parece a cuando se salta al vacío sin darle importancia al hecho de perder la vida en el intento porque las ganas del salto mismo y de la recompensa tenían más valor: un beso que hiciera temblar al cuerpo y el alma como la luna en el agua, diría su amigo Julio. Eso pensaba Antoine, mientras la palabra ¡volar! rondaba entre sus párpados y rozaba sus labios - ¡volar! ¡volar! - se repetía para sí, con todos los colores que llevaba por dentro al compás de la melodía que una noche traviesa había tejido para hacerlo coincidir junto a su rosa, como si el joven príncipe hubiese hecho de las suyas desde el asteroide B612. Quizá -cavilaba sorprendido-  había sido el Principito quien, mientras cortaba baobabs, había hecho tratos con las estrellas para que él pudiera hablar con su rosa sin un paraban de papel maché entre ellos. Y así, la noche –recordaba Antoine- fue envuelta por hadas y ángeles, porque la palabra “volar” había invadido su piel hasta el día de hoy.

Mientras Antoine levitaba entre sus recuerdos le sucedían suspiros, sonrisas, aflicciones y palpitaciones semejantes al golpe de una batería india. La añoranza recorría su espalda con lentitud mientras observaba por la ventana el azul del mar del cielo, sin nubes, un azul continuo en contraste con el verde de los árboles que peinaban el camino que él había caminado tantas veces. La palabra ¡volar! hacía acto de presencia con insistencia, latía en el corazón de Antoine y en los calzoncillos que le había regalado la rosa cuando él estuvo triste, los atesoraba con sumo cuidado junto al capítulo siete de su libro favorito y los poemas que ella había escrito, esas palabras mágicas que lo habían domesticado para siempre. Él y su rosa, cómo olvidar a su rosa, cómo no recordar a su rosa que decía era un hada, la más bella de todas las hadas del planeta tierra, un hada/rosa única en el mundo. Ahora, él lo sabía, realmente era única en el mundo. De repente, un terrible sentimiento penetraba el corazón de Antoine, como si el mismo Zeus hubiese desgarrado su cuerpo y sus entrañas. Se desplomó contra la pared blanca de la habitación y cerró sus ojos, dejó caer sus párpados pesados como el sentimiento que lo invadía y se desmayó, allí contra la pared y el azul del cielo.

Habían pasado un par de horas, todo estaba en silencio, los árboles pernoctaban inmutados y las hojas se negaban a caer. Poco a poco fue despertando Antoine de su dormir, de su desmayo ante la vida; se incorporó asustado y observó a través de la ventana la negrura del paisaje, las luces de los autos que iban y venían en el horizonte. Casi, de forma instantánea, logró divisar una estrella que le sonreía y titilaba con picardía; de pronto, a lo lejos, escuchó muchos cascabelitos y la risa de su amigo, el Principito. Antoine sonrió, recordó a su rosa voladora quien lo hacía reír con sus locuras, con el pestañeo de sus ojos miel y el juguetear de los pétalos en su cara. Pero Antoine se sintió triste otra vez porque su rosa, al igual que la estrella, se encontraba distante y pensó que le había sucedido lo mismo que al Principito; por eso se había desmayado, la tarde le había revelado la triste coincidencia con su amigo. No se había percatado de que su rosa era única en el mundo cuando la tuvo cerca, en su corazón lo sabía, pero dejó que otras cosas como las palabras “miedo” y “distancia” interrumpieran ese sentimiento y opacaran la palabra “volar” de su cielo y destiñeran sus colores internos. Eso había sucedido -pensó Antoine- así como se había tejido el encuentro naturalmente entre él y su rosa, inexplicablemente la razón y la lógica le habían jugado una mala pasada a su corazón, había pensado como un adulto, un adulto en cuerpo de adulto, pero la realidad, la que ahora conocía en total plenitud, era que simplemente volar no es para adultos. Se preguntaba ¿dónde había quedado lo de “saltar al vacío” o lo de “morir no importa? ¡Qué tonto! -Se repetía- .Antoine, se sintió inmensamente desgraciado y, mientras miraba la estrella en la oscuridad de la habitación, pensaba en su amada hada/rosa y en la sombra de una cascabel en el desierto del Sahara. Esa era su única  ilusión.


(Des)esperanza


Pienso…

la mente estalla
levito entre purpúreos colores
vestido de hierro              coraza maldita
una calle vacía            nadie a quien esperar
más,  me siguen ruidos convexos
que atan su nombre a mi cama
allí sobrevivo
deambulo...
espero una palabra que destile en mi boca
el aire de sus voces
(des)esperanza…
camino amplio, tiempo en destiempo
sobredosis de silencio
mar/orilla                   luz ínfima.

Al filo, en un rincón
observo...
es la realidad que sostengo como daga contra el estruendo
pesimismo confuso, dejadez del ser
entre ausencias escribo, con versos delirantes
quizá tristes, porque no consigo arropar
mi alma desde que se fue.

Mente volátil


Insondable espacio el de mi crédula habitación
ausente de palabras francas y sensitivas
queda sólo eso
 pared/iceberg 
                 suelo/abismo
                             cama/anchura
             ventana/muerte
luna/recuerdo
                   estrella/fragilidad
 pensamiento/alma
y dentro de mi piel
                 cavilar-te
       no temblar
entre sueños de nada 
con el andar del tiempo.

Fotografía: Vito Campanella "A flor de piel"

Del amor y el miedo



El verso destila ágilmente del borde de la mano
se precipita entre el aire        en el papel de tu carne
se expande entre la  poesía       aguas abajo   
mientras que los ojos del amor se agrandan
         hasta que se cierran      le ve men te
aniquilados por la distancia
el rumor de la quejas
el devenir de hambrientos espantos
sin sueños, sin tiempo y puertas cerradas

                     súbitamente el idilio muere

las palabras se van
los amorosos borran su memoria
desean borrarla
deambulan entre la soledad de las calles
ya no se saben      no se tocan
no hay figuras ni imágenes
hay demasiado miedo 
                      en sus huesos para vivir 


Bifurcación nocturna



apriétame contra tu pecho desnudo
capitel nocturno hundido en tu identidad
víveme en la piel que se esparce 
trémula       delgada           tibia 
adhiéreme a tu constelación                             
llena mis vacíos       abre mis espacios 
desgaja con premura mis vestidos
sostenme toda la noche entre tus piernas
en dilatado vuelo           en infatigable ascenso
hazte paso hasta la diadema de mi boca
pernocta en ella            disipa mis desiertos
             hoy no importa quién nos espera en casa....


Perderse


Mi pasión crece sin contornos
pero tus ojos miran otras calles
y no ves
no absorbes mi boca
que te busca
decides perder-te esto que soy

irreductiblemente
inexorablemente   
  prefiero    

d-e-s-m-e-m-b-r-a-r  
   mi  memoria

escapar en mi propio secreto
despertar de las ruinas del olvido
descubrir mis huesos
ya mis versos prohibidos
no serán para ti

...

De a poquito te voy queriendo




De a poquito te voy queriendo
en                                 f r a g m e n t o s
para sentirte en  lo que nos une
de a trozos                           a destiempo
en horas y deshoras             de a poco me entrego
me doy                                       me das
            boca, uñas, epidermis
            saliva y hálito ardiente
me muestro                               yo criatura    
                  pliegues, muslos, tallos, hojas
                  el amor es un ancla en el rocío
                   que de tanto en tanto gotea
                                     i n f i n i t a m e n t e
                                     donde sólo los ángeles saben
              de a poquito…                   de a poco…
                                          tengo
                        que                          amar(te)

ANTES, YO ERA. (LUIS BRITTO GARCÍA)




Antes, yo era un ser humano. Tenía acceso a los olores, los colores, los sonidos, las formas, los sabores, ante mí desfilaban las personas, ocurrían cosas. Luego se me ocurrió leer libros, y poco a poco elegí, más que el sonido, la palabra que simboliza el sonido; más que el sabor y el tacto, la palabra que simbolizan sabores y tactos. No conocí personas, conocí sucesiones de palabras estampadas en olorosa tinta que describían personas; elegí no padecer miedo, sino descifrar la narración del miedo; creí pensar, cuando sólo conectaba entre sí palabras que describían los pensamientos de otros. Poco a poco los objetos en mi universo se fueron sustituyendo por palabras: la progresión del tiempo, por el suceder de períodos; mi conciencia de existir, por un vasto olor a papel y a tinta, a veces a grafito, a veces a cueros, a veces a cola. Alrededor de mí construí los muros de libros y al final no sé cómo entré en ellos, me dirigieron, me asimilaron, me absorbieron golosamente, secamente (...)

Ahora, soy esto. He mirado lo que era mi mano y sólo veo unas palabras que dicen antes yo era un ser humano. No hay antebrazo, sólo veo otras palabras que dicen: tenía acceso a los olores, a los colores. Así en parcos vocablos se va agotando mi cuerpo: donde dice poco a poco los objetos en mi universo se fueron sustituyendo por palabras, es el ombligo; y la conciencia son palabras de este párrafo que dicen ahora soy esto, estas líneas en que me defino, sólo palabras, sólo tintas, sólo papeles yo que era un ser humano , concluyo aquí, ahora. Ahora, no soy sensaciones, no soy ya emociones, no soy ya tripas, algo me ha ocurrido, palabras, nada más que palabras, ahora soy esto.

Poemas sueltos



I

sólo las nubes lloran
no las flores amargas de la tarde
sólo el sol besa en la despedida
de dos gaviotas en la playa


II

el espejo de las hadas rompió el hechizo
beberse los paisajes fue la sentencia
dejarse doler por la vida
estar aquí o allá
donde no se imagina
en el tiempo… en el tiempo…
sólo la poesía lo sostiene en la caída


III
Qué sabe el agua de la lluvia
Es gota   es sudor   es saliva
Qué sabe el verso de un poema
Es palabra   es llanto   es agonía

IV

las orugas la seguían
sombras ensangrentadas de historias
tierra austral en la memoria
epigramas en el tiempo
viviendo en pequeñas muertes
que migran al ayer

V

grita el trueno bajo el puente
ella corría, yo volaba
el silencio se había comido las palabras
incrustadas a un sudor de besos
de quien vino y se fue
al remoto vacío

VI

Céfiro me dio
las palabras perfectas:
“no te encontré, he vuelto”

Algunos tú



Tú    átomos de piel con labios
vía láctea atada al beso que calla
Tú     sombra terrestre iluminada
candado en el puente para no olvidar
farol de espejos cotidianos
nube azul deambulando
transeúnte de mis pasos
Tú     estruendo de palabras
Tú     grafía olvidada

                                 … Yo… 

te llevaste todo cuanto hubo en mi hálito
la caricia que se abría al viento entre las sombras
mi abrazo a la pelea de tu boca
el vórtice de mi piel desnuda
                                                           
                                                  no 
                                                     tuve 
                                                         m  i  e  d  o

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