El diagnóstico y la terapéutica (Eduardo Galeano)

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"El amor es una enfermedad de las más contagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces. El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de querer, como al descuido, en el café o en la sopa. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. No hay decreto del gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo con garantía y todo. Por otro lado, no nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del amor en un abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace".

Del libro: "El libro de los abrazos"

4 comentarios:

Ophir Alviárez dijo...

Petit morte aunque no se muera uno y eso crea...

Un abrazo igual de moribundo.

OA

Lú ! dijo...

...siempre querremos morir.
si nacemos con él!

saludos.

leerte es un placer.

luis5d6b dijo...

Amo a galeano, ese libro es como amar, te fundis en un abrazo que parece muerte

Anónimo dijo...

Creo que el texto origina dice así : El amor es una enfermedad de las m·s Jodidas y contagiosas. A
los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan
que jam·s dormimos, despabilados noche tras noche por los
abrazos, o por la ausencia, de los abrazos, y padecemos fiebres
devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir
estupideces.
El amor se puede provocar, dejando caer un puńadito de polvo de
quereme, como al descuido, en el cafÈ o en la sopa o el trago. Se
puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua
bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo
sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las
brujas. No hay decreto de gobierno que pueda con Èl, ni pÛcima
capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados,
infalibles brebajes con garantÌa y todo.
rr·nqueme, seńora, las ropas y las dudas. Desn˙deme,
desd˙deme.
a luna llama a la mar y la mar llama al humilde chorrito de
agua, que en busca de la mar corre y corre desde donde sea,
por muy lejos que sea, y corriendo crece y arremete y no hay
montańa que le pare la pechada. El sol llama a la parra, que
queriendo sol se estira y sube. El primer aire de la mańana llama a
los olores de la ciudad que despierta, aroma del pan reciÈn dorado,
aroma del cafÈ reciÈn molido, y los aromas al aire entran y del aire se
apoderan. La noche llama a las flores del camalote, y a medianoche
en punto estallan en el rÌo esos blancos fulgores que abren la
negrura y se meten en ella y la rompen y se la comen.

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