El problema no es meter el mundo en el poema; alimentarlo de luz, planetas, vegetación. Ni tampoco enriquecerlo, adornarlo con palabras delicadas, abiertas al amor y a la muerte, al sol, al vicio, a los cuerpos desnudos de los amantes, el problema es hacerlo habitable, indispensable a quien sea más pobre, a quien esté más solo que las palabras acompañadas en el poema. Autor: Casimiro de Brito Traducción de Montserrat Gibert |
Del poema
Largo viento de memorias
Antonia Palacios expresa con poesía el devenir de nuestra existencia, de nuestra cotidianidad; ella es una de mis escritoras entrañables porque sabe contarnos la vida mientras la vivimos y la sufrimos. Disfrútenla con parte de su hermosísimo poemario "Largo viento de memorias" de 1989:
"Aquí todo es antiguo. Todo ha sido ya tocado. Un divagar del roce, un estar y no estar sobre las cosas. Pienso en la permanencia. En el estremecimiento del primer contacto y cómo la memoria azota los recuerdos. Pienso en tus manos livianas remodelando las cosas. Tus manos que jugaban con una piedra desnuda que el tiempo había arrojado en playas muy remotas. El día descendía desplegando sus oros, abriendo sitio efímero a tus hondos silencios. Yo quise amanecer lejos de un temerario olvido. Rescatar lo perenne. Detener el escape de todo lo que huye. Pasaron los instantes en líneas paralelas. Recordé tu mirada y tu rostro sin nombre y comencé a reunir las cosas en un íntimo roce sumergido en el fondo."
Antoine y su rosa
Antoine también amaba a una rosa tersa, tierna, de gran belleza y que soñaba con volar. Él la había mirado siempre de lejos, temeroso y ansioso de estar a su lado, de amarla como se imaginaba que era el amor, esa sensación que se parece a cuando se salta al vacío sin darle importancia al hecho de perder la vida en el intento porque las ganas del salto mismo y de la recompensa tenían más valor: un beso que hiciera temblar al cuerpo y el alma como la luna en el agua, diría su amigo Julio. Eso pensaba Antoine, mientras la palabra ¡volar! rondaba entre sus párpados y rozaba sus labios - ¡volar! ¡volar! - se repetía para sí, con todos los colores que llevaba por dentro al compás de la melodía que una noche traviesa había tejido para hacerlo coincidir junto a su rosa, como si el joven príncipe hubiese hecho de las suyas desde el asteroide B612. Quizá -cavilaba sorprendido- había sido el Principito quien, mientras cortaba baobabs, había hecho tratos con las estrellas para que él pudiera hablar con su rosa sin un paraban de papel maché entre ellos. Y así, la noche –recordaba Antoine- fue envuelta por hadas y ángeles, porque la palabra “volar” había invadido su piel hasta el día de hoy.
Mientras Antoine levitaba entre sus recuerdos le sucedían suspiros, sonrisas, aflicciones y palpitaciones semejantes al golpe de una batería india. La añoranza recorría su espalda con lentitud mientras observaba por la ventana el azul del mar del cielo, sin nubes, un azul continuo en contraste con el verde de los árboles que peinaban el camino que él había caminado tantas veces. La palabra ¡volar! hacía acto de presencia con insistencia, latía en el corazón de Antoine y en los calzoncillos que le había regalado la rosa cuando él estuvo triste, los atesoraba con sumo cuidado junto al capítulo siete de su libro favorito y los poemas que ella había escrito, esas palabras mágicas que lo habían domesticado para siempre. Él y su rosa, cómo olvidar a su rosa, cómo no recordar a su rosa que decía era un hada, la más bella de todas las hadas del planeta tierra, un hada/rosa única en el mundo. Ahora, él lo sabía, realmente era única en el mundo. De repente, un terrible sentimiento penetraba el corazón de Antoine, como si el mismo Zeus hubiese desgarrado su cuerpo y sus entrañas. Se desplomó contra la pared blanca de la habitación y cerró sus ojos, dejó caer sus párpados pesados como el sentimiento que lo invadía y se desmayó, allí contra la pared y el azul del cielo.
Habían pasado un par de horas, todo estaba en silencio, los árboles pernoctaban inmutados y las hojas se negaban a caer. Poco a poco fue despertando Antoine de su dormir, de su desmayo ante la vida; se incorporó asustado y observó a través de la ventana la negrura del paisaje, las luces de los autos que iban y venían en el horizonte. Casi, de forma instantánea, logró divisar una estrella que le sonreía y titilaba con picardía; de pronto, a lo lejos, escuchó muchos cascabelitos y la risa de su amigo, el Principito. Antoine sonrió, recordó a su rosa voladora quien lo hacía reír con sus locuras, con el pestañeo de sus ojos miel y el juguetear de los pétalos en su cara. Pero Antoine se sintió triste otra vez porque su rosa, al igual que la estrella, se encontraba distante y pensó que le había sucedido lo mismo que al Principito; por eso se había desmayado, la tarde le había revelado la triste coincidencia con su amigo. No se había percatado de que su rosa era única en el mundo cuando la tuvo cerca, en su corazón lo sabía, pero dejó que otras cosas como las palabras “miedo” y “distancia” interrumpieran ese sentimiento y opacaran la palabra “volar” de su cielo y destiñeran sus colores internos. Eso había sucedido -pensó Antoine- así como se había tejido el encuentro naturalmente entre él y su rosa, inexplicablemente la razón y la lógica le habían jugado una mala pasada a su corazón, había pensado como un adulto, un adulto en cuerpo de adulto, pero la realidad, la que ahora conocía en total plenitud, era que simplemente volar no es para adultos. Se preguntaba ¿dónde había quedado lo de “saltar al vacío” o lo de “morir no importa? ¡Qué tonto! -Se repetía- .Antoine, se sintió inmensamente desgraciado y, mientras miraba la estrella en la oscuridad de la habitación, pensaba en su amada hada/rosa y en la sombra de una cascabel en el desierto del Sahara. Esa era su única ilusión.
(Des)esperanza
Pienso…
la mente estalla
levito entre purpúreos colores
vestido de hierro coraza maldita
una calle vacía nadie a quien esperar
más, me siguen ruidos convexos
que atan su nombre a mi cama
allí sobrevivo
deambulo...
espero una palabra que destile en mi boca
el aire de sus voces
(des)esperanza…
camino amplio, tiempo en destiempo
sobredosis de silencio
mar/orilla luz ínfima.
Al filo, en un rincón
observo...
es la realidad que sostengo como daga contra el estruendo
pesimismo confuso, dejadez del ser
entre ausencias escribo, con versos delirantes
quizá tristes, porque no consigo arropar
mi alma desde que se fue.
Mente volátil
Insondable espacio el de mi crédula habitación
ausente de palabras francas y sensitivas
queda sólo eso
pared/iceberg
suelo/abismo
cama/anchura
ventana/muerte
luna/recuerdo
estrella/fragilidad
pensamiento/alma
y dentro de mi piel
cavilar-te
no temblar
entre sueños de nada
con el andar del tiempo.
Fotografía: Vito Campanella "A flor de piel"
Del amor y el miedo
El verso destila ágilmente del borde de la mano
se precipita entre el aire en el papel de tu carne
se expande entre la poesía aguas abajo
mientras que los ojos del amor se agrandan
hasta que se cierran le ve men te
aniquilados por la distancia
el rumor de la quejas
el devenir de hambrientos espantos
sin sueños, sin tiempo y puertas cerradas
súbitamente el idilio muere
las palabras se van
los amorosos borran su memoria
desean borrarla
deambulan entre la soledad de las calles
ya no se saben no se tocan
no hay figuras ni imágenes
hay demasiado miedo
en sus huesos para vivir
Bifurcación nocturna
apriétame contra tu pecho desnudo
capitel nocturno hundido en tu identidad
víveme en la piel que se esparce
trémula delgada tibia
adhiéreme a tu constelación
adhiéreme a tu constelación
llena mis vacíos abre mis espacios
desgaja con premura mis vestidos
desgaja con premura mis vestidos
sostenme toda la noche entre tus piernas
en dilatado vuelo en infatigable ascenso
hazte paso hasta la diadema de mi boca
pernocta en ella disipa mis desiertos
hoy no importa quién nos espera en casa....
Perderse
Mi
pasión crece sin contornos
pero
tus ojos miran otras calles
y
no ves
no
absorbes mi boca
que
te busca
decides
perder-te esto que soy
irreductiblemente
inexorablemente
prefiero
d-e-s-m-e-m-b-r-a-r
mi
memoria
escapar
en mi propio secreto
despertar
de las ruinas del olvido
descubrir
mis huesos
ya
mis versos prohibidos
no
serán para ti
...
De a poquito te voy queriendo
De a poquito te voy queriendo
en f r a g m e n t o s
para sentirte en lo que nos une
de a trozos a destiempo
en horas y deshoras de a poco me entrego
me doy me das
boca, uñas, epidermis
saliva y hálito ardiente
me muestro yo criatura
pliegues, muslos, tallos, hojas
el amor es un ancla en el rocío
que de tanto en tanto gotea
i n f i n i t a m e n t e
donde sólo los ángeles saben
de a poquito… de a poco…
tengo
que amar(te)
que amar(te)
ANTES, YO ERA. (LUIS BRITTO GARCÍA)
Antes, yo era un ser humano. Tenía acceso a los olores, los colores, los sonidos, las formas, los sabores, ante mí desfilaban las personas, ocurrían cosas. Luego se me ocurrió leer libros, y poco a poco elegí, más que el sonido, la palabra que simboliza el sonido; más que el sabor y el tacto, la palabra que simbolizan sabores y tactos. No conocí personas, conocí sucesiones de palabras estampadas en olorosa tinta que describían personas; elegí no padecer miedo, sino descifrar la narración del miedo; creí pensar, cuando sólo conectaba entre sí palabras que describían los pensamientos de otros. Poco a poco los objetos en mi universo se fueron sustituyendo por palabras: la progresión del tiempo, por el suceder de períodos; mi conciencia de existir, por un vasto olor a papel y a tinta, a veces a grafito, a veces a cueros, a veces a cola. Alrededor de mí construí los muros de libros y al final no sé cómo entré en ellos, me dirigieron, me asimilaron, me absorbieron golosamente, secamente (...)
Ahora, soy esto. He mirado lo que era mi mano y sólo veo unas palabras que dicen antes yo era un ser humano. No hay antebrazo, sólo veo otras palabras que dicen: tenía acceso a los olores, a los colores. Así en parcos vocablos se va agotando mi cuerpo: donde dice poco a poco los objetos en mi universo se fueron sustituyendo por palabras, es el ombligo; y la conciencia son palabras de este párrafo que dicen ahora soy esto, estas líneas en que me defino, sólo palabras, sólo tintas, sólo papeles yo que era un ser humano , concluyo aquí, ahora. Ahora, no soy sensaciones, no soy ya emociones, no soy ya tripas, algo me ha ocurrido, palabras, nada más que palabras, ahora soy esto.
Poemas sueltos
I
sólo las nubes lloran
no las flores amargas de la tarde
sólo el sol besa en la despedida
de dos gaviotas en la playa
II
el espejo de las hadas rompió el hechizo
beberse los paisajes fue la sentencia
dejarse doler por la vida
estar aquí o allá
donde no se imagina
en el tiempo… en el tiempo…
sólo la poesía lo sostiene en la caída
III
Qué sabe el agua de la lluvia
Es gota es sudor es saliva
Qué sabe el verso de un poema
Es palabra es llanto es agonía
IV
las orugas la seguían
sombras ensangrentadas de historias
tierra austral en la memoria
epigramas en el tiempo
viviendo en pequeñas muertes
que migran al ayer
V
grita el trueno bajo el puente
ella corría, yo volaba
el silencio se había comido las palabras
incrustadas a un sudor de besos
de quien vino y se fue
al remoto vacío
VI
Céfiro me dio
las palabras perfectas:
“no te encontré, he vuelto”
Algunos tú
Tú átomos de piel con labios
vía láctea atada al beso que calla
Tú sombra terrestre iluminada
candado en el puente para no olvidar
farol de espejos cotidianos
nube azul deambulando
transeúnte de mis pasos
Tú estruendo de palabras
Tú grafía olvidada
… Yo…
Seré sólo labios
Seré sólo labios
la habitación de la esquina que miras
viaje horizontal en la almohada
el farol hecho eco de la vida
quizá humo desdoblado
superpuesto en pedazos
seré sólo labios
a la medida de la noche
cerradura imperfecta
en una casa vacía
anidando el silencio tras la cortina
seré sólo labios
que no has de besar
.
De aquellos días...
Cierro mis ojos
dibujo los tiempos del nosotros
las horas de cabellos desatados
de días invernales entre sábanas
de piel y bocas estremecidas
y un mundo interno de silencios
de palabras ocultas
las tuyas
porque los ojos se nublaban
los míos
a menudo en las despedidas
en ese adiós
solía guardar tu aroma en mi bolsillo
lo apretaba entre mi mano
tu perfume y mis dedos
lo acariciaba: textura inmóvil y sabor liviano
no quiero abrir mis párpados
te llevo en mi bolsillo
creo estar viviendo
Mitad invisible
lee la mitad invisible que no escribí
allí estoy entre el vértigo de las líneas
en letras minúsculas habita el placer
de reencontrar lo que ya conoces
las palabras que nunca diré
me escribo en eso que no miras
en las entrañas de eso que sientes
en los fragmentos dibujados del verbo
allí, en cualquier sitio
tus ojos invencibles leyéndome
me escribo – pernocto
me desarmo
me entrego
me abro
soy mitad invisible
en tus párpados
Mujer metáfora
Soy una mujer hecha metáfora
letra por letra me reparto
me consumo en el silogismo
que conjura la noche
y no sé en qué día de mis sueños habito
sobrevuelo en mis temores
desnudo las vidas que los demás me inventan
mientras tejo entre líneas la que vivo
soy una mujer hecha metáfora
soy una metáfora hecha mujer
El diagnóstico y la terapéutica (Eduardo Galeano)
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"El amor es una enfermedad de las más contagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces. El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de querer, como al descuido, en el café o en la sopa. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. No hay decreto del gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo con garantía y todo. Por otro lado, no nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del amor en un abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace".
Del libro: "El libro de los abrazos"
Levemente...

"a quien dibujó su cuerpo
en los espejos de la noche"
en los espejos de la noche"
cuando el mundo pierde el matiz
caigo en plena
v e r t i c a l i d a d
hacia lo hondo, en tu búsqueda
por espacios lejanos
y aleteo de pestañas
me entrego al infinito de quimeras
para sentirte en el ahorasiempre
entre fuego de orquídeas
y cargamentos de relámpagos
no hay a t a d u r as
si la piel se vuelve luz
de porciones breves
en noches oscuras
dobladas entre pliegues
de algodones
de mis labios con los tuyos
vulnerable sobrevivo
al camino del presente y sus riesgos
lo t r a n s f i g u r o
bajo párpados cerrados
traigo junto a mi tu cuerpo
de líneas exactas
de voz noctámbula
de mirada diferente
en totalidad y fragmentos
acaricio con palabras este sueño
me adentro en mis sábanas
de seda y estruendo
invento colores en paredes blancas
para hallarme con tu boca
asirte entre un beso extenso
sin m i e d o s
no en otros brazos,
no en otros rostros
no en otras almas
hoy sólo necesito encontrarte
.
.
¿Cuánto tiempo?

No sé cuánto tiempo
podré sobrevivir
sin tu
BOCA
imagino tus labios heridos
para curarlos siempre con besos diversos
delineando travesías
con discursos sin palabras
lenguas solares en llamas
tocadas por ríos nocturnos
mientras…
las horas se bautizan con tu nombre
y en mi, como broche vehemente, algo bello
aún no cuantificable me estremece
podré sobrevivir
sin tu
BOCA
imagino tus labios heridos
para curarlos siempre con besos diversos
delineando travesías
con discursos sin palabras
lenguas solares en llamas
tocadas por ríos nocturnos
mientras…
las horas se bautizan con tu nombre
y en mi, como broche vehemente, algo bello
aún no cuantificable me estremece
.
Memorias del hombre que regresa del sueño

La palabra entre dos fuegos
él y ella solos en la espera
se palpan el corazón
y se besan
y están lejos y no.
El hombre sabe o quizás no sabe
sólo espera.
En su memoria hay lluvia
bruma de antiguas y distantes ciudades
olor de mar profundo
una sola mirada
En la oscuridad dice un nombre
y toca su cuerpo
no sabe si es el mismo que ha soñado
en él sólo hay vacío
memoria del campo de batalla
guerras ganadas y perdidas
Gregory Zambrano
(venezolano)
él y ella solos en la espera
se palpan el corazón
y se besan
y están lejos y no.
El hombre sabe o quizás no sabe
sólo espera.
En su memoria hay lluvia
bruma de antiguas y distantes ciudades
olor de mar profundo
una sola mirada
En la oscuridad dice un nombre
y toca su cuerpo
no sabe si es el mismo que ha soñado
en él sólo hay vacío
memoria del campo de batalla
guerras ganadas y perdidas
Gregory Zambrano
(venezolano)
Silencio

Derramo el caldero de mis emociones sobre la piel
edifico puertas sin cerrojos
desnudo antiguos e-nig-mas
desalojo la sed entre los labios
anido en el apetito de tus manos
que me queman
más allá de los mapas y contornos
consumo re-li-gio-sa-men-te
el claroscuro predilecto
divago en el acicate de mi esencia
que resplandece en exceso
porque ya no rindo pleitesía
al big-bang del silencio
edifico puertas sin cerrojos
desnudo antiguos e-nig-mas
desalojo la sed entre los labios
anido en el apetito de tus manos
que me queman
más allá de los mapas y contornos
consumo re-li-gio-sa-men-te
el claroscuro predilecto
divago en el acicate de mi esencia
que resplandece en exceso
porque ya no rindo pleitesía
al big-bang del silencio
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