Los amantes del Círculo Polar






Esta noche te espero mirando al sol,
                                                                                                        ¡venga valiente, salta por la ventana!



Es curioso lo que 104 minutos pueden hacer pensar, recordar, sentir y vivir. Eso hace “Los amantes del círculo polar”, una película dramática española de 1998 dirigida por Julio Médem y protagonizada por Najwa Nimri y Fele Martinez, ganadora de dos premios Goya en 1999.

La trama de la película se centra en la historia de Otto y Anna desde que se conocen a los 8 años hasta que vuelven a rencontrarse en la Laponia finlandesa, en el límite del Círculo Polar Ártico bajo el sol de medianoche; los temas son el romance, la muerte, el destino, la naturaleza, el círculo de la vida y las coincidencias de la misma.




El círculo es una figura enigmática, tan enigmático como las casualidades. ¿Nuestra vida es una línea recta o un círculo infinito? Sin duda, hay un magnetismo que sólo los amantes conocen y quienes no se atreven a amar de verdad, a dejar todo por el amor verdadero no entenderán. Los amantes son capaces de derribar el miedo, de saltar ventanas, de esconderse bajo las camas, de guardar secretos, de negar hasta la muerte, de llorar por dentro, de besar a la muerte, de esperar, de saltar en paracaídas y de volar. Es una historia que vale la pena ver y oír. 



”Estar enamorada no es fácil. No basta con desearlo, hay que oírlo.”

"Y sí, sólo quería abrazarle una vez pero me volví avariciosa,
 no lo puso fácil, él abre la puerta de un mundo donde todo es posible,
 incluso ser feliz. Nadie tiene un corazón como el de Otto, yo tampoco." 



"Empezaba este frío y dicen que cuando hace frío la mayoría 
de las cosas van más deprisa, o llegan antes, pero a mí se me 
hizo eterna la espera hasta acariciarle. 
Por suerte, me di cuenta después de hacerlo y no antes, 
como suele ser la secuencia habitual. Debía ser miedo" 




"Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. 
Estoy esperando la casualidad de mi vida, la más grande, 
y eso que las he tenido de muchas clases. 
SÍ. Podría unir mi vida uniendo casualidades." 
.
.
.
.

"Aunque creo que ya la tuve"

Ángel
.
.
.




Onírico





Hace ya más de 23 días que su esqueleto deambula al aire libre por la ciudad, fue despojado de sus carnes para tenderlas al calor de las estrellas, para tapizar a la noche como un edredón.  Hace más de 23 días que ya no espera nada, ni un dulce vino, ni el secreto resguardado de una flor, hasta su propia voz lo condena al olvido, a la fragilidad del ser, de la desnudez como insurrección.

Camina con todos sus huesos sonoros, la gente no se extraña, no lo entiende, no lo comprenden; tal vez, quien lo ve pasar aminora su espanto al ver ese cuerpo desdoblado de su propia existencia porque también ellos andan de la misma manera. ¿Cuándo la propia existencia es solo el resto del cuerpo, lo que queda, lo que sobra? ¿Y cómo se está vivo así?

Para él, aquí o allá no tiene sentido si no es atravesado por otro cuerpo, otra boca, otras manos. La vida es besar y respirar, los huesos carecen de valor, de médula si no hay piel cercana, si no hay vibración, humedad, palabras/silencio. Hace más de 23 días que vive solo consigo, deshaciéndose sin redimirse de sí. Un corazón solitario es lo que lo sostiene, no importa de dónde ni de qué. Nadie lo ve pasar, quizá el espejo de sus ojos es el único testigo.  Adiós vino, adiós flor. Bienvenido el olvido como rebelión.  


Relente en rosa





Te doy la rosa de mis pliegues
extensión recalcitrante
de centro encendido
en azul ocaso
con un puente en su orilla
para que tu mano me auxilie
como el vino que tiene sed de copa


  volverán
las aguas a                           f l u i r
    cálidas y amorosas

Irse





Irse decantando, depositando
cual palabras que llueven húmedas
en esencias muertas. 

Irse diluyendo
perennes en la caída
en el vuelo desgranado
irse
marcharse 
fundirse en un "no volver"
convirtiéndonos 
en una mano y un pañuelo  
en una lágrima y en el silencio
.
.
.

Cuando tú vienes




Cuando tú vienes
un murmullo penetra
                          ríe
               rasga
absorbe
me convierto en un respiro
en          lla ma ra da

desaparezco…

cuando tú vienes
todo vuelve al inicio
a tu lengua que se amolda
           que vibra
que muerdo

vuelo…

cuando tú vienes
soy selva virgen que te anega
que da vida
que nace-muere
ave Fénix de piel tostada
grito húmedo que accede a tu cuerpo

si tú vienes
mi sangre se evapora
soy cielo-tierra entre tu boca
soy larga noche perfumada
y hojarasca presurosa que tiembla
pero…
               te vas…     
 te vas…
                            amor, te vas…

se aparta tu aroma
         te siento distante
y aún así
            aquí
                  te 
                     quedas.

Poesía vertical de Roberto Juarroz



9

Pienso que en este momento
tal vez nadie en el universo piensa en mí,
que sólo yo me pienso,
y si ahora muriese,
nadie, ni yo, me pensaría. 
Y aquí empieza el abismo,
como cuando me duermo.
Soy mi propio sostén y me lo quito.
Contribuyo a tapizar de ausencia todo. 
Tal vez sea por esto
que pensar en un hombre
se parece a salvarlo.

67

Una hebra más delgada que el pensamiento,
un hilo con calibre de nada,
une nuestros ojos cuando no nos miramos.
Cuando nos miramos
nos unen todos los hilos del mundo,
pero falta éste,
que sólo da sombra
a la luz más secreta del amor.
Después que nos vayamos,
quizás quede este hilo
uniendo nuestros sitios vacíos.

La caída



Estrella radiante
caricia en lo más tibio
laberinto infinito
lujuria de las palabras
labios abiertos a medianoche
una habitación encendida con un nombre bordado
división minúscula
lenguaje de los olvidados
un tequila mojando los dedos
la infame despedida cerrando los párpados
un farol alumbrando el cielo
un gemido que arde en los ojos
causa y efecto censurado
la locura en estado líquido cual página en blanco
fragmento de quimeras
camino de pétalos encadenados
la casualidad del           "no te olvido"
como una canción suicida en la madrugada


YO


soy
   toda           
    la           
soledad        
  del     
 mundo
.
.
.

Alfombra de arena



La playa era una alfombra de arena donde se podía volar, eso pensaba mientras pasaban los días. Volar, delicadamente, donde cada elemento se superponía ocupando su lugar; en la playa, lo azul llenaba la boca de peces vivos y los labios se lamían para enjuagar la espesa sal. 

En la playa, decía para mis adentros, ya no dolía el sabor a coral, el sueño pesado o el perfume matutino, no se renunciaba a una sonrisa de mar, al sol tostado en la cara, al contacto de piedras minúsculas bajo los pies o al roce de la espuma blanca en la piel. Ya no lastimaba en los ojos el sol, ni la tempestad de la brisa hacía mella en mis asuntos. 

A lo lejos, era testigo del paisaje en tonos naranjas que asomaba el primer rayo de luna. Allí, tendida a la sombra de una palmera te observé sonriente en tu paraíso, el mar que te bañaba.

Breve espacio


A Eugenio Montejo
 El universo bailó para acercarnos 

                                                    giró en su infinito girar
tenue girar urgente
                 más allá del sol       
                         
     devoramos  nuestras huellas
                                                                       reconocimos nuestras voces                          
                         me abracé a tus ojos
                                                                                 nos perdimos en un beso  

             l  e  n  t  a  m  e  n  t  e                                                                                           desde entonces
tengo el alma
 tejida
 a
 la
boca


La que vuela


 (La imagen es tomada del blog de Fire)

Aquí va la que vuela
con mi mirada al aire
entre ecos de alas y andar azabache
en mi interior los límites son nada
cuando vuelo        no hay mañana
no tiene fin lo perfecto
vuelo muy alto
sin miedos
mi voz  apacible
disuelve un profundo mar
mi boca convexa
nombra un abismo testigo del tiempo
mujer que se eleva
estrella de fuego
hembra de sonrisa oriental
en un       i n s t a n t e
no lejos de la noche
la que vuela lleva el cielo en sus brazos. 





Aunque no estás

(La imagen es tomada del blog de Fire)

Un pensamiento sobrevuela a mi lado donde no estás
cómo hubiese querido que estuvieras conmigo esta mañana
porque me arde el deseo de mirarme en tus texturas y acariciar tu espalda.
                                            besar
                            besar


Besar para saber amar
en silencio, mientras por la ventana sube el sol
sintiéndote entre mis sábanas.
Y seguir besando según dicen   

sin tiempo    ni distancia
más abajo o más arriba de tu ombligo
besar por sobre todo lo puesto o lo quitado,
con la lengua
con los labios
con los ojos
con la puerta cerrada
con las manos 
y la conciencia atada.
Amar a tras luz de frente a las tinieblas
y de espaldas al abismo para encontrarnos…
Besar algo de ti
entre jadeos de voces
porque vives en el aire.

                           Besar
                                    Besar
                                            Besarte

Escribir (Chantal Maillard)




escribir

para curar
en la carne abierta
en el dolor de todos
en esa muerte que mana
en mí y es la de todos

escribir

para ahuyentar la angustia que describe
sus círculos de cóndor
sobre la presa

aunque en el alma no

en el alma
la estimación del tiempo que concluye
y es arriba
algo más que un silencio
con ojos semiabiertos

escribir

como condescendencia y como rebeldía
sin elección
sin pausa
porque se va la luz, las fuerzas
se le acaban
y el ser se va de vuelo
en las garras de un ave
carroñera

escribir

para decir el grito
para arrancarlo
para convertirlo
para transformarlo
para desmenuzarlo
para eliminarlo
escribir el dolor
para proyectarlo
para actuar sobre él con la palabra


escribir para curar
escribir para guarecerse
escribir como si cerrase los ojos
para no cerrarlos
para mover la mano y seguir su curso
para sentirse viva

AÚN

para aplazar la angustia
como simulación
para guiar la mente y que no se desboque
para controlar lo controlable

escribir

como quien deja la luz encendida
y duerme de pie sobre sí mismo
para saldar las cuentas con el miedo

escribir
para reorganizar

escribir
sin hacer concesiones

escribir
como quien des-espera
para cauterizar
para tomarle las medidas al miedo
para conjurar
para morder de nuevo el anzuelo de la vida
para no claudicar
escribir
para apuntar al blanco

escribir

con palabras pequeñas
palabras cotidianas
palabras muy concretas
palabrasojo
palabras animales
palabrasbocadegato
ásperas por dentro y por fuera
suaves como “tal vez”
palabraslatigazo
como “demasiado” y “tarde”



(Foto: Chantal Maillard, leyendo 'Hilos').



escribir

para no mentir
para dejar de mentir
con palabras abstractas
para poder decir tan sólo lo que cuenta
decir que a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada
y la sábana verde se desdobla
en el espejo del armario
estoy en mí
en el lugar en que acostumbro
a encontrarme
en este aquí hecho de extraña
duración en lo mismo
repitiéndome
la carne dolorida
los huesos lastimados
los nervios, la piel
tirante, amoratada
el pelo encanecido
el grito sólo postergado
y hoy a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada

muere un niño
o dos o no sé cuántos
mueren y una anciana dice
sus últimas palabras
o no las dice y muere
y es otra la que habla
pero no habla, dice
apenas dice y muere
sin decir
apenas
nada
y algo se me atraganta
tal vez un alarido
largo como las once horas de esta noche
o tal vez la conciencia
que duerme encendida
como una lumbre la conciencia
de todos los que mueren
como una fogata
un espantoso incendio
que prende en las ventanas
de la ciudad y en el mar no se apaga
una conciencia absurda
una antorchahorizonte
la conciencia de todos los que saben
que se están acabando
en sus huesos de antorcha
hoy, mañana, siempre

escribir

todas las muertes son mi muerte
mi grito es el de todos
y no hay consentimiento
escribir

¿para consentir?
¡escribir para rebelarse!
no hay lugar para plegarias
no hay lugar para el sosiego
el ajuste de las almas
se hace en rebeldía

Estamos solas
y nos pertenecemos.
En nosotras está el poder
Somos un pueblo de almas
en rebeldía
¡Despertad!
Lo que escribo aquí
se traza en el aire
el dolor es la senda
el dolor es el medio
por el dolor la fuerza
que combate el dolor
y lo transforma
por el dolor deshago
mi dolor en lo ajeno
y el ajeno en el mío

escribir

para des-esperar
por todos los que están
por todos
los que fueron
los desaparecidos
escribir para cuidar
sus des
apariciones
para alimentarlas
para que no se enturbien
no tan pronto
no tan siempre
pronto


escribir

¿y no hacer literatura?
…
¡y qué más da!:
hay demasiado dolor
en el pozo de este cuerpo
para que me resulte importante
una cuestión de este tipo.

Escribo

para que el agua envenenada
pueda beberse.



* Poema publicado en el libro Matar a Platón (2004) por Chantal Maillard





El cuerpo (Jean-Luc Nancy)




4 indicios sobre el cuerpo


10

“El cuerpo es también una prisión para el alma. Allí purga una pena cuya naturaleza no es fácil de discernir, pero que fue muy grave. Por eso el cuerpo es tan pesado y tan penoso para el alma. Necesita digerir, dormir, excretar, sudar, ensuciarse, lastimarse, caer enfermo”

11

“Los dientes son los barrotes del tragaluz de la prisión. El alma se escapa por la boca en palabras. Pero las palabras son todavía efluvios del cuerpo, emanaciones, pliegues ligeros del aire salido de los pulmones y calentado por el cuerpo”


12

“El cuerpo puede volverse hablante, pensante, soñante, imaginante. Todo el tiempo siente algo. Siente todo lo que es corporal. Siente las pieles y las piedras, los metales, las hierbas, las aguas y las llamas. No para de sentir”

13

“Sin embargo, la que siente es el alma. Y el alma siente, en primer lugar, el cuerpo. De todas partes ella siente que él la contiene y la retiene. Si el cuerpo no la retuviera, se escaparía completamente en forma de palabras vaporosas que se perderían en el cielo” 






"Que se escriba no del cuerpo, sino el cuerpo mismo. No la corporeidad, sino el cuerpo. No los signos, las imágenes, las cifras del cuerpo, sino solamente el cuerpo. Eso fue, y sin duda ya no lo es, un programa de la modernidad. (…)

Escribir: tocar el extremo. ¿Cómo entonces tocar el cuerpo, en lugar de significarlo o de hacerlo significar? Uno está tentado de responder con prisa que o bien eso es imposible, que el cuerpo es lo indescriptible, o bien que se trata de remedar o de amoldar el cuerpo a la misma escritura (bailar, sangrar…). Respuestas sin duda inevitables – sin embargo, rápidas, convenidas, insuficientes: una y otra vez hablan en el fondo de significar el cuerpo. Directa o indirectamente, como ausencia o como presencia. Escribir no es significar.

Se ha preguntado: ¿cómo tocar el cuerpo? Puede que no sea posible responder a este ‘cómo’, como si de una pregunta técnica se tratara. Pero lo que hay que decir es que eso – tocar el cuerpo, tocarlo, tocar en fin – ocurre todo el tiempo en la escritura.





Puede que eso no ocurra exactamente en la escritura, si ésta tiene un ‘dentro’. Pero a orillas, al límite, en la punta, en el extremo de la escritura, no ocurre sino eso. Ahora bien, la escritura tiene su lugar sobre el límite. No le ocurre, pues, otra cosa a la escritura, si algo le ocurre, que tocar. Más precisamente: tocar el cuerpo (o más bien, tal o cual cuerpo singular) con lo incorporal del ‘sentido’. Y, en consecuencia, hacer que lo incorporal conmueva tocando de cerca, o hacer del sentido un toque.

(No sé de escritura que no toque. O bien, no es escritura sino informe, exposición o como se quiera llamar. Escribir toca el cuerpo, por esencia.)

Pero no se trata en absoluto de traficar con los límites y de evocar no sé sabe qué marcas que vendrían a inscribirse sobre los cuerpos, o qué improbables cuerpos vendrían a trenzarse con las letras. La escritura toca los cuerpos según el límite absoluto que separa el sentido de la una, de la piel y los nervios del otro. Nada transita y es eso lo que toca.



(…) La excripción de nuestro cuerpo, he ahí por donde primeramente hay que pasar. Su inscripción-afuera, su puesta fuera de texto como el movimiento más propio de su texto: el texto mismo abandonado, dejado sobre su límite. No es una ‘caída’, eso ya no tiene ni alto ni bajo, el cuerpo no está caído, sino completamente al límite, en el borde externo, extremo y sin que nada haga de cierre. Yo diría: el anillo de las circuncisiones se ha roto. No hay más que una línea in-finita, el trazo de la misma escritura excrita, que proseguirá infinitamente quebrada, repartida a través de la multitud de los cuerpos, línea divisoria de todos sus lugares, puntos de tangencia, toques, intersecciones, dislocaciones.

Ignoramos qué ‘escrituras’ o qué ‘excripciones’ se preparan a venir de tales lugares. Qué diagramas, qué retículas, qué injertos topológicos, qué geografías de multitudes"


La Sociedad de los Poetas Muertos

"No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas"



Me fui a los bosques porque quería vivir sin prisa.
Quería vivir intensamente y sorberle todo su jugo a la vida.
Abandonar todo lo que no era la vida, para no descubrir,
en el momento de mi muerte, que no había vivido.



“La Sociedad de los Poetas Muertos” es una de esas películas que logra conmover  profundamente al público. Es una crítica a las reglas, a las normas, al tradicionalismo que encarcela el pensamiento, que pretende que la educación solo automatice a los estudiantes evitándoles la libertad.




"Carpe Diem, quam minimum credula postero" o "Captura el día de hoy y pon tan poca confianza en el de mañana como puedas" del filósofo Horacio, es parte del argumento del film así como la poesía, que permite “sacarle el jugo a la vida”. La trama de la historia se desarrolla  en 1959, en la Academia Walton que sigue manteniendo el clásico modelo de educación victoriana; los jóvenes que allí estudian pertenecen a la más alta sociedad. El nuevo curso cuenta con la novedad de una incorporación: un excéntrico profesor de literatura, John Keating, antiguo alumno del centro. Con él los alumnos despertaran sus mentes, descubrirán la poesía, el significado de “Carpe Diem” (aprovechar el momento) y la importancia de perseguir los sueños. Les dejo un poema de Henry David Thoreau presente en la película que sería bueno reflexionar:


“Soñamos días de mañana
que nunca llegan.
Soñamos una gloria
que no deseamos.
Soñamos un nuevo día
cuando ese día ya ha llegado.
Huimos de una batalla
En la que deberíamos pelear.

Y sin embargo dormimos.

Esperamos la llamada
sin adelantarnos a ella.
Basamos nuestras esperanzas en el futuro
cuando el futuro no es más que vanos proyectos.
Soñamos con una sabiduría
que evitamos cada día.
Llamamos con nuestras plegarias a un Salvador
cuando la salvación está en nuestra manos.

Y sin embargo dormimos.
Y sin embargo dormimos.
Y sin embargo rezamos.
Y sin embargo tenemos miedo.”




"Me fui a los bosques porque deseaba vivir en paz, enfrentarme a la esencia misma de la vida y comprobar si era capaz de aprender todo lo que podían enseñarme. No quería descubrir, en el umbral de mi muerte, que no había vivido"




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